Cada 14 de febrero celebramos el Día Europeo de la Salud Sexual, una fecha que nos invita a reflexionar sobre un aspecto esencial del bienestar humano que, sin embargo, todavía sigue rodeado de silencios y tabúes.
Como urólogo, y como médico que acompaña a pacientes en momentos especialmente delicados de su vida, puedo afirmar que la salud sexual no es un asunto accesorio: es una dimensión central de la salud física, emocional y relacional.
La salud sexual forma parte de la salud integral de la persona. No se limita a la función biológica, sino que influye directamente en la autoestima, en la estabilidad emocional y en la calidad de las relaciones de pareja. Además, en algunos casos, las alteraciones sexuales pueden ser el primer signo de otras patologías médicas subyacentes, lo que refuerza la importancia de no restarles importancia.
Una realidad que afecta a la salud sexual masculina
En la consulta de urología, los problemas de salud sexual masculina son más frecuentes de lo que muchos imaginan. Sin embargo, todavía existe cierta tendencia a retrasar la visita médica por incomodidad o por la creencia de que determinados cambios “son normales con la edad”.
La disfunción eréctil, la disminución del deseo sexual o los trastornos de la eyaculación no deben asumirse como inevitables. Cuando estas alteraciones persisten, es importante estudiarlas.
La disfunción eréctil, en particular, no siempre es un problema aislado. Puede estar relacionada con enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial, alteraciones hormonales o trastornos neurológicos. En algunos casos, incluso puede ser el primer indicador de una patología vascular subyacente.
Por eso, ante una alteración mantenida de la función sexual, la evaluación urológica no solo busca mejorar la vida íntima del paciente, sino también descartar posibles problemas de salud asociados.
Muchas patologías sexuales tienen tratamiento. Y en determinados casos, pueden convertirse en una oportunidad para diagnosticar de forma precoz otras enfermedades.
Datos que invitan a la reflexión
Los datos internacionales refuerzan la necesidad de abordar la salud sexual con rigor clínico y sin prejuicios.
Cada día, más de un millón de personas entre 15 y 49 años contraen una infección de transmisión sexual curable en el mundo. En Europa, infecciones como la gonorrea, la sífilis o la clamidia han mostrado una tendencia creciente en los últimos años.
Además, se estima que hasta la mitad de los hombres entre 40 y 70 años puede experimentar algún grado de disfunción eréctil a lo largo de su vida. Aun así, la concienciación y la consulta médica siguen siendo insuficientes.
Estos datos no deben generar alarma, sino conciencia. La prevención, el diagnóstico precoz y la educación sanitaria son pilares fundamentales de una buena salud sexual.
Cáncer, cirugía urológica y función sexual: una conversación necesaria
Uno de los aspectos que considero esenciales en mi práctica es hablar con claridad sobre el posible impacto de determinadas cirugías en la función sexual masculina.
Intervenciones por cáncer de próstata, vejiga o riñón, así como cirugías prostáticas o pélvicas complejas, pueden tener repercusiones en la erección, la eyaculación o la sensibilidad. La magnitud del impacto depende de múltiples factores: el tipo de patología, la técnica quirúrgica empleada, la preservación de las estructuras nerviosas y la situación previa del paciente.
Anticipar estas posibles consecuencias forma parte de una medicina responsable. No se trata únicamente de tratar la enfermedad, sino de preservar, en la medida de lo posible, la calidad de vida posterior.
La urología ha avanzado de forma notable en las últimas décadas. Las técnicas mínimamente invasivas y los abordajes diseñados para proteger mejor las estructuras neurovasculares han permitido reducir el impacto funcional en muchos casos. Y cuando aparecen dificultades, contamos con tratamientos eficaces, desde opciones farmacológicas y programas de rehabilitación de la función eréctil hasta soluciones quirúrgicas como las prótesis peneanas en casos seleccionados.
La recuperación de la función sexual forma parte del proceso de rehabilitación tras una enfermedad o una cirugía. No es un aspecto secundario: influye directamente en la salud mental, la autoestima y la dinámica de pareja.
Romper mitos y normalizar la consulta
Si tuviera que resumir el mensaje de este Día Europeo de la Salud Sexual, sería este: hablar es el primer paso para mejorar.
Ningún hombre debería asumir que perder calidad en su vida íntima es “lo que toca” por la edad o por haber pasado por una enfermedad. La sexualidad saludable es compatible con el envejecimiento y con una vida plena tras un proceso oncológico o quirúrgico.
Como urólogo, mi compromiso es ofrecer una medicina basada en la evidencia, honesta en la información y centrada en la persona. Pero también es animar a consultar, a preguntar y a normalizar estas conversaciones en la consulta médica.
Porque cuidar la salud sexual es, en definitiva, cuidar la salud en su conjunto.

